COMENTARIO A TIEMPO

Por Teodoro Rentería Arróyave

 

NAZI-FASCISMO IGUAL A TRUMP

 

El abogado, periodista, editor, analista político y en algunas ocasiones servidor público, Héctor Murillo Cruz, a mucha honra en buenas circunstancia mi superior, acostumbra en su prestigiada columna “Cronolíneas de México”, insertar algún párrafo de la nuestra “Comentario a Tiempo”, actitud que nunca terminaremos de agradecerlo.

 

Ahora, para seguir en la línea de las últimas entregas respecto del huésped de la Casa Blanca, tomamos o reproducimos su más reciente análisis titulado: MOUSSOLINI Y HITLER ARQUETIPOS TRUMPIANOS, en el cual corrobora que el mundo se enfrenta a un verdadero espécimen enfermo de la bajuna supremacía blanca, es decir del racismo a ultranza.

 

Murillo Cruz precisa: “Es curioso advertir las diversas formas en que un líder populista, al estilo grandilocuente del italiano Moussolini o el propio fuherer del nazismo, Adolfo Hitler, influyen a través del tiempo y de las generaciones torcidas, para reproducir en las nuevas los estereotipos sangrientos y crueles del modelo original. Tal parece el modelo copiado por Trump, al adoptar las técnicas policiacas de la Gestapo para introducir agentes en hogares, universidades e iglesias para capturar inmigrantes.

 

Desde luego existen consideraciones más finas que las de los dictadores, por ejemplo, las del filósofo español José Ortega y Gasset, quien analizó a las sucesivas generaciones en tanto lazos entre la anterior y la siguiente en una sociedad dada, en el sentido de transmitir, aún en tiempos impredecibles como los actuales, pero, de todas maneras, mediante la educación y el ejemplo las mejores tradiciones que han llegado hasta nosotros.

 

También han aparecido demagogos al estilo de Richard B. Spencer, quienes, a partir de los acontecimientos deplorables en Charlottesville, organizan mítines para unir a la derecha e inclusive proponen la separación del sur yanqui, en olvido de la sanguinolenta Guerra de Secesión.

 

Richard Fausset y Alan Feuer exponen: “Las manifestaciones en Charlottesville fueron quizá la muestra más visible a la fecha de la evolución de la extrema derecha estadounidense, una coalición de viejos y nuevos grupos supremacistas blancos conectados por medios sociales y envalentonados por la elección de Donald J, Trump.” (The New York Times International Weekly)

 

En México y América Latina, resurge también el antiyanquismo soterrado por el TLC y la supuesta unidad de los tres naciones de Norteamérica, que ahora discuten una nueva etapa del acuerdo comercial, bajo amenaza del inculto y peligroso Ejecutivo de EU, dando traste al panamericanismo, término introducido por Bolívar, el libertador venezolano en el cual se parapeta el actual presidente Nicolás Maduro, amenazado de una intervención militar anglosajona, un rebrote de la doctrina del Destino Manifiesto, engendro de la tradición antiespañola que pasó casi en integridad a las colonias americanas derivadas de Inglaterra.

 

Pero es verdadera la conclusión del ex Rector de la UNAM, Pablo González Casanova, en sentido que la violencia interna norteamericana tiene su explicación en sus luchas interiores, a partir de los trazos de los Padres Fundadores, esclavistas ellos mismos, dando lugar a una lucha de clases, tierras, razas y fronteras, explicables gracias a un catalizador viene a ser el actual presidente, de ascendencia germánica mal asimilada, al cual se agregan antecedentes como el de Nixon, hombre esquivo -no lenguaraz como el actual-, quien fuera perdonado por el presidente Ford y puesto a salvo de la cárcel.

 

Nixon tuvo tiempo suficiente para inaugurar el realismo amoral, a cuyo calor se fraguó la caída del presidente chileno Allende. A propósito, los yanquis no se concretan con los beneficios de la cosecha de dólares en el interior, también exportan armas vía miles de tiendas, con beneficios al narcotráfico y al fisco, y producen programas de TV, del tipo de “Frontera zona de peligro”, o “Bordeland. La travesía de los migrantes”, -éstos últimos con aspectos comprehensivos-, ambos en National Geographic, Canal 403”.

 

¿Qué agregar?, nada, sólo afirmar que es un estupendo y profundo análisis del esquizofrénico de la Casa Blanca; un licuado del nazi-fascismo, es decir, una mezcla cruel de cierta concepción religiosa con la política del avasalle indigno.