COMENTARIO A TIEMPO

Por Teodoro Rentería Arróyave

 

LA SOLIDARIDAD DEL MEXICANO

 

Pese a que el vocablo solidaridad se vituperó por el uso político indebido del régimen que siguió al presidente Miguel de la Madrid Hurtado, es de felicitarnos todos los mexicanos de la espontaneidad que tenemos tan arraigada para ayudar, sobre todo en casos de desastre, a nuestros hermanos connacionales.

 

Muy aparte de los apoyos que ha dispuesto el gobierno de la República, que desde luego es su deber y que para ello cuenta con presupuesto aprobado, es de emocionarse percatarse de la respuesta de la sociedad toda.

 

Muy aparte de ciertos científicos, que con cualquier pretexto tratan de asustarnos o de otros más profesionales que con sus declaraciones tratan de prevenirnos, como esa opinión de que el sismo del pasado jueves, que hasta ahora es el más poderosos de los últimos 100 años, no es el de gran calado que se espera, la verdad es que la naturaleza nos pega en el mes patrio. El que devastó al entonces Distrito Federal fue el 19 de septiembre.

 

En efecto, algunas instituciones privadas y públicas, también algunos medios han instalado centros de acopio y qué bueno, pero lo que ahora queremos resaltar es la solidaridad espontanea de los mexicanos. En un recorrido por la gran ciudad, nos hemos percatado que en la mayoría de las colonias y de los barrios, y destacamos de los más humildes, se han instalado esos mencionados centros de acopio.

 

Los que sufrimos el terremoto del 85, desde luego que lo traemos permanentemente en la memoria, nadie nos convocó, todos como un solo ente humano salimos a las calles para ayudar en lo que pudimos.

 

Recuérdese que por ese fenómeno devastador de la naturaleza se formó el Escuadrón de los Topos, y dentro de esa adhesión, la sociedad creó brigadas de ayuda, de rescate y defensa ante los pillos que nunca faltan.

 

Sí, hay que decirlo, esta respuesta humana de la sociedad se debió a la tardanza de las autoridades en proporcionar el auxilio necesario e inmediato. Después vino todo de lo que nos percatamos, como implementar el Plan DN III del Ejército Mexicano.

 

Otro error fue querer ocultar las cifras de las víctimas mortales, dijeron que un poco más de 4 mil muertos; según nuestros cálculos fueron más de 44 mil. Entonces director general fundador del Instituto Mexicano de la Radio, IMER, tomamos la decisión de unir todas las radiodifusoras para ponerlas al servicio de la emergencia, no obstante que nuestro edificio principal de 11 pisos se pulverizó con un saldo de 27 muertos. Por esa labor se nos otorgó el Premio Nacional de Periodismo 1985.

 

Ya sabemos que está llegando a las zonas de desastre de Oaxaca y Chiapas toda la ayuda, decenas de toneladas de víveres, agua, medicinas, materiales de curación y que se ha iniciado el censo de las viviendas dañadas para reconstruirles sus moradas a nuestros hermanos en desgracia.

 

Que así sea y se cumpla, que se esté muy al pendiente de los pillos que se aprovechan de la ayuda para su beneficio propio, que las autoridades atiendan absolutamente a todos y cada uno de los damnificados; ante todo esto, nuevamente nos debemos de felicitar de la solidaridad del mexicano.