Guayabazo

Manuel García Javier

guayabazo@hotmail.com

 

La Cena de Gala

El buffet fue servido por el gourmet francés Sylvain Daumont a partir de las 10:00 de aquella memorable noche, consistía en: Consommé Riche, Petits Patés á la Russe, Escaloppes de Dorades á la Parisienne, Noisettes de Chevreuil Purée de Champignons, Foie Gras de Strasbourg en Croutes,Filets de Drinde en Chaud Froid , Paupiettes de Veau a l’Ambassadrice, Salade Charbonniére, Brioches Mousseline Sauces Groseilles et Abricots,Glace Dame Blanche Desserts,Café-Thé, Jerez Fino Gaditano. Chablis Moutonne, Mouton Rothschild 1889, G.G. Mumm & Co. Cordon Rouge

La Cena de Gala con motivo de las Fiestas del Centenario de 1910, había sido programada por el propio Don Porfirio Díaz, para tamizar el desgaste político y sus ya fehacientes estertores de decadencia, que trató de disimular con inauguraciones, desfiles, procesiones, cohetes, repiques, cañonazos, músicas, luces, verbenas, serenatas, exposiciones y borracheras a lo largo de un mes.

Una primera medida, fue lanzar a la circulación los “nuevos pesos” mexicanos. De ahí vendrían inauguraciones de monumentos, edificios e instituciones, así como las suntuosas recepciones y banquetes que se darían cita en la capital “el París de las Américas”, al decir de la élite.

Fue el mayor absurdo de lujo y despilfarro para recordar a las naciones extranjeras, empresarios y hacendados, la fortuna, modernización y el poder del gobierno. Fue el acontecimiento político y social de la década.

Ahí estaban las élites porfirianas, cuya xenofilia y trato preferente al extranjero era confundida con un espíritu de cosmopolitismo

Nuevos modelos de París infatuaban los deseos de las damas de sociedad para presentarse a las fiestas con sus mejores galas; se publicaban noticias sobre los invitados extranjeros y los regalos que sus colonias o delegaciones ofrecerían al gobierno.

Sin duda, el jueves 15 de septiembre de 1910, México despertó alborozado; las banderas ondeaban en los mástiles más altos. Aquella noche, la multitud llenaba el zócalo, y si bien esta magnánima ceremonia oficial tuvo gran éxito, los representante diplomáticos asistieron a esta “autocelebración” del aparato porfirista sólo para admirar la “fachada” que había perdido energía, credibilidad interior y que, peligrosamente, se acercaba a su fin.

Las Fiestas del Centenario eran la reivindicación atronadora que curaba a la República de los males incurables y, con ella, Porfirio Díaz le daba la bendición suprema de la paz.

Estaba cerca la séptima reelección del “caudillo”; así la consideraba él, como un hecho. Sin embargo, la lucha encabezada por Francisco I. Madero cortaría de tajo sus sueños de continuar perpetuándose en el poder.

Las Cenas de Lujo continuaron con la misma tónica. Se invitaba a lo más granado de la sociedad, pero principalmente a todos aquellos países que tuvieran relaciones amistosa y diplomáticas con México, principalmente Estados Unidos y los principales centros de poder europeos.

Así transcurrieron 100 años: Una vez que el balcón se cerraba, el presidente solía ser el anfitrión de una cena en el patio central del Palacio Nacional, a la que solo asistían algunos representantes de los gobiernos estatales, miembros del Legislativo, delegaciones diplomáticas, ministros de Estado y otros invitados especiales.

En estas recepciones se sirven platos típicos y bebidas tradicionales de México, y son ambientados con música de mariachi. En algunas ocasiones el presidente hacía un brindis y daba un mensaje breve de agradecimiento como anfitrión de la gala.

En el presente sexenio de Enrique Peña Nieto, comenzaron las ausencias de este tipo de celebraciones. En 2013, tuvo que salir de la recepción para atender el plan de emergencia por los daños causados por el huracán “Manuel” en el Estado de Guerrero.

En 2014, Peña Nieto volvió a disculparse con los 950 asistentes a la gala porque abandonó la cena para supervisar la reparación de los daños ocasionados por el huracán “Odile” en la península de Baja California.

En 2015, la ceremonia del Grito sólo incluyó una breve recepción del mandatario a los representantes de los poderes de la unión e invitados especiales. Días antes, el 29 de junio, el Presidente Enrique Peña Nieto y su esposa, Angélica Rivera Hurtado, ofrecieron una Cena de Gala a los reyes de España, Felipe VI y Letizia, en el Palacio Nacional.

Aquella vez, se sirvió una degustación de ceviches, crema de hoja santa con queso de cabra, pescado a la veracruzana y biscotti o crème brulèe de mamey (según la publicación de la revista Quién). Mientras los platillos desfilaban, el cantante Carlos Rivera, (acompañado de un mariachi), interpretó “México lindo y querido”, “La malagueña” y “A tu vera”.

En 2016, Presidencia canceló tal recepción argumentando “austeridad” y acto seguido se anunció un recorte del 5.8% el gasto público.

Este 2017, definitivamente se suspendió la Cena de Gala. La justificación fue: El Presidente dedica su atención a coordinar y evaluar las acciones para auxiliar a la población damnificada por el sismo del pasado 7 de septiembre.

La cena de la noche de Independencia en los últimos años ha representado un gasto promedio de un millón de dólares en tan sólo una noche…. Nos leemos en la próxima.