SHISHITO

Francisco Gómez Hernández

Martes 7 de noviembre de 2017

 

Fócil, adiós al mercantilismo político

Con la encomienda -en apariencia difícil- de regresar el perredismo a sus orígenes y al mismo tiempo arropar las acciones del gobierno estatal que encabezan tras el histórico triunfo de 2012, el nuevo dirigente estatal solaztequista, Darvin González Ballina recibió el apoyo unánime de las diversas corrientes del partido para buscar encauzar la nave rumbo a la sucesión del 2018, alejarlo de las pretensiones pragmáticas en la que estaba sometido por la dupla de ADN, Candelario Pérez Alvarado y Juan Manuel Fócil Pérez, acusados por el sospechosismo de prácticas simonónicas.

En la calle, la pareja Pérez-Fócil entregó dádivas, apoyos y gestiones, siempre condicionadas a sus intereses. Su grupo político tiene al menos tres alcaldías incondicionales que fueron entregadas en bandeja de plata a cambio -se rumora- de jugosas cantidades. En su desmedida ambición, que comenzó desde aquellos lejanos años en los que apoyado por César Raúl Ojeda hizo morder el polvo a sus correligionarios, Fócil y luego Candelario, apuntaron hacia lo más alto, la gubernatura y la alcaldía de Centro, respectivamente, pero a costa de demeritar la acción del gobierno en turno.

Se dispararon a los pies, envalentonados usaron los micrófonos de la radio para inventar conspiraciones, de los pepes, de los chuchos y de cualquiera que pretendiera señalar sus yerros. Sin entregar cuentas claras se movieron a sus anchas, desatendiendo las estructuras de los municipios, mismas que fueron migrando poco a poco seducidas por las promesas de sus primos hermanos los de Morena, que hoy se soban las manos esperando que la división interna termine de agenciarle votos. Empero el perredismo ha dado un golpe de timón, un grito a tiempo para corregir las deficiencias de un proceso que se antojaba viciado de origen.

Hoy las cosas pintan mejor para los perredistas. En este momento tienen tres y hasta cuatro fuertes aspirantes a la gubernatura que deben correr sus aspiraciones por la vía de la legalidad y de la equidad, mismas que en armonía con el trabajo de la dirigencia estatal deben fortalecer las estructuras y los consejos políticos, y abrirse a las nuevas condiciones de la política nacional que estará marcada bajo los tiempos, pautas y condiciones del Frente Ciudadano, la coalición PRD-PAN-Movimiento Ciudadano que le va disputar palmo a palmo la presidencia de la República a López Obrador y al candidato del PRI-Verde-Nueva Alianza.

Darvin González Ballina representa institucionalidad a los orígenes que conformaron ese partido, su capital político en ese entonces como diputado federal electo del PRI lo puso a disposición del movimiento cardenista que surgió de la elección presidencial de 1988, y posteriormente a la causa de Andrés Manuel con muchas batallas electorales, sociales y políticas que los enfrentaron todavía al antiguo régimen presidencialista autoritario. Hoy sin la causa del oriundo de Tepetitán, Darvin emprende un nuevo reto de su carrera, tendrá que tejer fino, hacer de la política su arma principal para dialogar y sentar a quienes piensan diferente, en aras de impulsar la lógica de conservar el poder que ganaron a buena lid en las urnas.

Poner el piso parejo. Convocar a la unidad y al trabajo, recuperar la esencia de un movimiento que se desarrolló siempre del lado de las causas más humildes. Esas serás las primeras tareas del balancaneco para luego enfocarse en la selección del candidato a la gubernatura. Si logra salir airoso, seguramente el perredismo y la sociedad en general se lo agradecerá pues abonar a la estabilidad y a la gobernabilidad es obra de ciudadanos dignos, que miran mucho más allá de sus necesidades e intereses. En todo caso, la democracia está de fiesta, pues continuará en su incesante y noble causa de convertirse en una democracia de carne y hueso.